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ACTUALIZACIÓN DE ESTA PÁGINA: 15 DE
OCTUBRE DE 2002
Por ahora no conozco de fuentes fiables para mi la vida de este
venerable ocultista y autor francés.
Samael Aun Weor nos ratifica su maestría, lo cita frecuentemente y nos narra
algunas de sus experiencias con él a lo largo de su obra.
Se dice que Llegó a ser diácono pero que
fue expulsado del seminario, probablemente por su interés por las ciencias
ocultas. Que fue Maestro de varios ritos masónicos e iniciado de la S.R.I.A. (Societas Rosicruciana in
Anglia) y miembro de los Frates Lucis. Está considerado con justicia
una de las más altas e importantes personalidades Ocultistas del siglo XIX. Sus
libros más famosos son: Dogma y Ritual de Alta Magia, Historia de la Magia, y
El Libro de los Esplendores (ignoro su bibliografía completa porque no he
estudiado su obra).
No obstante mejor que cualquier
nota biográfica y más provechoso me parece citar aquí su harto famoso dibujo
del Baphomet (más abajo en esta página, es tenido por una representación del
diablo, pero es un símbolo: El lucifer blanqueado, resultado de la obra al
negro de la alquimia -la disolución del yo-) y un escrito publicado como parte
de su obra póstuma «El Gran Arcano del Ocultismo Revelado». Este escrito
demuestra que Levi conoció el gran arcano de la magia sexual, el secreto
indecible, y como en la antigüedad este secreto no podía ser develado, lo dice
entre líneas, haciendo alusión al movimiento de las energías creadoras
(sexuales), concepto central de toda la ciencia de la transmutación sexual o
Alkímia. El arcano aparece precisamente, en las frases más crípticas y
aparentemente menos trascendentes de su escrito, veamos:
"Sabiduría, moralidad,
virtud: palabras respetables, pero vagas, sobre las cuales se disputa desde hace muchos siglos pero sin haber
conseguido entenderlas. Querría ser sabio, mas ¿tendré yo la certeza de mi
sabiduría, mientras crea que los locos son más felices y hasta más alegres que
yo? Es preciso tener buenas costumbres, pero todos somos algo niños: las
moralidades nos adormecen. Y es que nos enseñan moralidades tontas que no
convienen a nuestra naturaleza. Hablamos de lo que no nos interesa y pensamos
en otra cosa. Excelente cosa es la virtud: su nombre quiere decir fuerza,
poder. El mundo subsiste por la virtud de Dios. Mas ¿en qué consiste para
nosotros la virtud? ¿Será una virtud para enflaquecer la cabeza o suavizar
el rostro? ¿Llamaremos virtud a la
simplicidad del hombre de bien que se deja despojar por los bellacos? ¿Será
virtud abstenerse en el temor de abusar? ¿Qué pensaríamos de un hombre que no
andase por miedo de quebrarse una pierna? La virtud, en todas las cosas, es lo
opuesto de la nulidad, del sopor y de la impotencia. La virtud supone la
acción; pues si ordinariamente oponemos la virtud a las pasiones es para
demostrar que ella nunca es pasiva. La virtud no es solamente la fuerza, es
también la razón directora de la fuerza. Es el poder equilibrante de la vida. El
gran secreto de la virtud, de la virtualidad y de la vida, sea temporal, sea
eterna, puede formularse así: El arte de balancear las fuerzas para equilibrar
el movimiento. El equilibrio que se necesita alcanzar no es el que produce la
inmovilidad, sino el que realiza el movimiento. Pues la inmovilidad es muerte y
el movimiento es vida. Este equilibrio motor es el de la propia Naturaleza.
La Naturaleza, equilibrando las fuerzas fatales, produce el mal físico y la
destrucción aparente del hombre mal equilibrado. El hombre se libera de los
males de la Naturaleza sabiendo sustraerse a la fatalidad de las circunstancias
por el empleo inteligente de su libertad. Empleamos aquí la palabra fatalidad,
porque las fuerzas imprevistas e incomprensibles para el hombre necesariamente
le parecen fatales, lo que no indica que realmente lo sean. La Naturaleza ha
previsto la conservación de los animales dotados de instinto, pero también
dispone todo para que el hombre imprudente perezca. Los animales viven, por así
decirlo, por sí mismos y sin esfuerzos. Sólo el hombre debe aprender a vivir. La
ciencia de la vida es la ciencia del equilibrio moral. Conciliar el saber y la
religión, la razón y el sentimiento, la energía y la dulzura es el fondo de ese
equilibrio. La verdadera fuerza invencible es la fuerza sin violencia. Los
hombres violentos son hombres débiles e imprudentes, cuyos esfuerzos se vuelven
siempre
contra ellos mismos. El afecto violento se asemeja al odio y casi a la
aversión. La cólera hace que la persona se entregue ciegamente a sus enemigos.
Los héroes que describe el poeta griego Homero, cuando combaten, tienen el cuidado
de insultarse para entrar en furor recíprocamente, sabiendo de antemano, con
todas las probabilidades, que el más furioso de los dos será vencido. El fogoso
Aquiles estaba predestinado a perecer desgraciadamente. Era el más altivo y el
más valeroso de los griegos y sólo causaba desastres a sus conciudadanos. El
que hace tomar Troya es el prudente y paciente Ulises, que sabe siempre
contenerse y sólo hiere con golpe seguro. Aquiles es la pasión y Ulises la
virtud, y es desde este punto de vista que debemos tratar de comprender el alto
alcance filosófico y moral de los poemas de Homero. Sin duda que el autor de
estos poemas era un iniciado de primer orden, pues el Gran Arcano de la Alta
Magia práctica está entero en la Odisea. El Gran Arcano Mágico, el Arcano
único e incomunicable tiene por objeto poner, por así decirlo, el poder divino
al servicio de la voluntad del hombre. Para llegar a la realización de este
Arcano es preciso SABER lo que se debe hacer, QUERER lo exacto, OSAR en lo que
se debe y CALLAR con discernimiento. El Ulises de Homero tiene, en contra de sí, a los dioses, los
elementos, los cíclopes, las sirenas, Circe, etc., es decir, a todas las
dificultades y todos los peligros de la vida. Su palacio es invadido, su mujer
es asediada, sus bienes son saqueados, su muerte es resuelta, pierde sus
compañeros, sus navíos son hundidos; en fin, queda solo en su lucha contra la
noche y el mal. Y así, solo, aplaca a los dioses, escapa del mal, ciega al
cíclope, engaña a las sirenas, domina a Circe, recupera su palacio, libera a su
mujer, mata a los que querían matarlo, y
todo, porque quería volver a ver a Itaca y a Penélope, porque sabía
escapar siempre del peligro, porque se atrevía con decisión y porque callaba
siempre que fuera conveniente no hablar. Pero, dirán contrariados los amantes
de los cuentos azules, esto no es magia.
¿No existen talismanes, yerbas y raíces que hacen operar prodigios? ¿No
hay fórmulas misteriosas que abren las puertas cerradas y hacen aparecer los
espíritus? Háblanos de esto y deja para otra ocasión tus comentarios sobre la
Odisea. Si habéis leído mis obras precedentes, sabéis entonces que reconozco
la eficacia relativa de las fórmulas, de las yerbas y de los talismanes. Pero
éstos apenas son pequeños medios que se enlazan a los pequeños misterios. Os
hablo ahora de las grandes fuerzas morales y no de los instrumentos materiales.
Las fórmulas pertenecen a los ritos de la iniciación; los talismanes son
auxiliares magnéticos; las yerbas corresponden a la medicina oculta, y el
propio Homero no las desdeñaba. El Moly, el Lothos y el Nepenthes tienen su lugar en estos poemas, pero son
ornamentos muy accesorios. La copa de Circe nada puede sobre Ulises, que conoce
sus efectos funestos y sabe eludir el beberla. El iniciado en la alta ciencia
de los magos nada tiene que temer de los hechiceros. Las personas que recorren
la magia ceremonial y van a consultar adivinos se asemejan a los que,
multiplicando las prácticas de devoción, quieren o esperan suplir con ello la
religión verdadera. Dichas personas nunca estarán satisfechas de vuestros
sabios consejos. Todas esconden un secreto que es bien fácil de adivinar, y que
podría expresarse así: «Tengo una pasión que la razón condena y que antepongo a
la razón; es por eso que vengo a consultar al oráculo del desvarío, a fin de
que me haga esperar, que me ayude a engañar mi conciencia y me de la paz del
corazón». Van así a beber en una fuente engañosa que después de satisfacerles
la sed la aumenta cada vez más. El charlatán suministra oráculos oscuros y la
gente encuentra en ellos lo que quiere encontrar y vuelve a buscar más
esclarecimientos. Regresa al día siguiente, vuelve siempre, y de ese modo son
los charlatanes los que hacen fortuna. Los Gnósticos basilidianos decían que
Sophia, la sabiduría natural del hombre, habiéndose enamorado de sí misma, como
el Narciso de la mitología clásica, desvió la mirada de su principio y se lanzó
fuera del circulo trazado por la luz divina llamada pleroma. Abandonada
entonces a las tinieblas, hizo sacrilegios para dar a luz. Pero una hemorragia
semejante a la que alude el Evangelio, le hizo perder su sangre, que se iba
transformando en monstruos horribles. La más peligrosa de todas las locuras es
la de la sabiduría corrompida. Los corazones corrompidos envenenan toda la
naturaleza. Para ellos el esplendor de los bellos días es apenas un ofuscante
tedio y todos los goces de la vida, muertos para estas almas muertas, se
levantan delante de ellas para maldecirlas, como los espectros de Ricardo III: «desespera y muere». Los grandes entusiasmos
les hacen sonreír y lanzar al amor y a la belleza, como para vengarse, el
desprecio insolente de Stenio y de Rollon. No debemos dejar caer los brazos
acusando a la fatalidad; debemos luchar contra ella y vencerla. Aquellos que sucumben
en ese combate son los que no supieron o no quisieron triunfar. No saber es una
disculpa, pero no una justificación, puesto que se puede aprender. «Padre,
perdónales porque no saben lo que hacen», dijo el Cristo al expirar. Si fuese
permitido no saber la oración del Salvador habría sido inexacta y el Padre nada
hubiera tenido que perdonarles.
Cuando la gente no sabe, debe
querer aprender. Mientras no se sabe es temerario osar, pero siempre es bueno
saber callar."
Por develar este escrito, mencionemos únicamente que el
poder divino reside en las fuerzas creadoras (la triple fuerza). En el hombre
esa facultad radica en sus órganos sexuales (facultad de crear) y manifiesta la
triple fuerza: Masculina, femenina y neutra (la neutra es el amor, las otras
dos son los dos polos de la energía sexual). El gran arcano está magistralmente
explicado en el libro del maestro Samael Aun Weor: El
matrimonio Perfecto.